La espera del Coronel

El mes pasado mientras estaba agotadísima, en uno de esos días en los que nos sentimos apaleados de trabajar sin cesar y sentir que mis esfuerzos eran en vano, y recordé algo que terminó cambiando mi perspectiva. 

Hace muchos años, aunque parece que fue los otros días, tuve que leer (y digo tuve porque era una asignación que no me emocionaba nadita de nada) una novela de Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba. Habiendo intentado y fallado mil veces de leer otra de sus novelas, Cien años de soledad (que es todo un snooze festival por muy pieza literaria que sea) y detesté la idea de leer el librito que me asignaron. Aquel pasquín, tenía como siete capítulos y me tomó alrededor de una semana terminarlo. Ah, pero si hubiese tenido aunque fuera un vampiro desnutrido, lo hubiese terminado en unas horas como tantos otros libros que leí en aquellos tiempos. 

Recuerdo el “show” que hacía por dentro cada vez que cogía el librito en mis manos. Con el examen a la vuelta de la esquina no me quedó otra que acabar de leer el dichoso librito. 

Contaba la historia de este señor mayor, un antiguo coronel, cuyas necesidades económicas eran el foco central de su vida. Esas necesidades económicas se agravaron a raíz de la muerte de su hijo, la “histeria” de su mujer y el gobierno que no le aprobaba la pensión que él justamente se merecía, luego de servir en el ejército durante la guerra civil. 

Yep, no era una lectura tan ligera como sus páginas.

En aquel momento pensé que, tal vez, podía ser la jerga, que era tan diferente a la mia, lo que no me permitía conectar con la historia. Tanta quejadera (eso todavía lo encuentro annoying)me hacía rodar los ojos constantemente. 

El hijo del coronel había dejado un gallo de pelea que se tragaba una buena tajada de lo poco que el coronel y su esposa tenían… Pero el coronel era un hombre de esperanzas. El iba todos los viernes al correo buscando la carta de aprobación de su pensión, la que nunca llegaba. El coronel seguía alimentando el gallo con lo poco que tenía con la esperanza que el gallo ganara una pelea y lo sacara de la miseria. El coronel siempre tenía esperanzas de lograr salir del hoyo.

La ignorancia es atrevida. Ahora me doy cuenta que no tenía un buen marco de referencia para entender la historia. Aunque no dudo que mi capacidad de análisis ya no estaba tan verde en ese momento, no había forma que yo pudiese entender algo tan ajeno a mi experiencia de entonces. 

Blog original en 2018